Quizás no sea este el mejor momento para comenzar este blog. Si medimos el valor de una obra por su reconocimiento público, entonces estoy en crisis.

Mis fotos están expuestas en Flickr, que como ya sabéis es una de esas aplicaciones de la llamada web 2.0, en las que el componente social es fundamental. Esto implica que existe una interacción recíproca entre los “espectadores” y el autor, lo que se traduce en comentarios, favoritos y número de vistas. Tomando esos indicadores, mis últimas fotos deben resultar bastantes mediocres para el resto de los mortales porque casi ninguna de ellas sobrepasa el centenar de visualizaciones y pocas son las que sobrepasan los cinco comentarios.

Me da la sensación de que mis fotos de hace un año tenían una mejor acogida; esto me preocupa, me sorprende y, a veces, me molesta.

Me preocupa porque supone un estancamiento, un querer y no poder. Pronto hablaré de mis carencias como fotógrafo.

Me sorprende porque, a nivel personal, estoy contento con mis últimas fotos. Creo que me he vuelto más selectivo y he aprendido a procesar un poco mejor las imágenes.

Me molesta porque veo muchas cuentas cuyas fotos son bastante normales, comunes y sin embargo tienen un reconocimiento mucho mayor. En muchas ocasiones le encuentro una explicación a esto (que espero poder exponer pronto) pero aún así me fastidia.