sobre Megaupload

Desde que saltó la noticia del cierre de Megaupload se han podido leer infinidad de opiniones que, salvo honrosas excepciones, han hecho subir mi mala leche a niveles perjudiciales para la salud. Estoy de acuerdo con su clausura y entiendo que otras personas estén en contra, sin embargo los argumentos empleados por la mayoría para defender a Megaupload me parecen de un cinismo e hipocresía detestables. El peor de todos es que se trata de un ataque a la cultura. A la cultura del golferío a la que tan acostumbrados estamos en España, supongo.

Cuando los gobiernos, las leyes o diversas entidades como la SGAE han atacado a las descargas ilegales nos hemos defendido diciendo que esas descargas no tenían animo de lucro y que contribuíamos a difundir y compartir canciones, películas, series fantásticas… cultura. Megaupload se ha basado en las razones contrarias.

El ánimo de lucro ha sido más que evidente, no solo los propietarios han ganado cantidades ingentes de dinero, sino que pagaban a quienes subían archivos que generaban gran tráfico. Ahora parece que esos archivos eran las obras completas de Dostoyevski o la filmografía de Wong Kar-Wai. Las cuentas premium además tenían un efecto perverso: favorecer el acceso a los contenidos en función del poder adquisitivo ¿No se trata de hacer llegar la cultura al mayor número de personas y en las mejores condiciones posibles? ¿No se suponía que internet iba a ayudar a democratizar el acceso a los bienes culturales?

Es curioso como criticamos -con razón- la ostentación de algunos empresarios o banqueros, pero disculpamos al Kim Schmitz, el jefazo de Megaupload, diciendo que es excéntrico o que no se le juzga por llevar un estilo de vida particular. Desde luego que no, pero seamos justos y usemos la misma vara de medir para todos, para los que nos caen mal y para los gorditos vividores.

Obviamente este y otros servicios de descarga directa han contribuido a difundir también contenidos culturales, pero no lo han hecho desde una posición comprometida con la idea de compartir esa cultura, más bien lo contrario: suben unos pocos -muchos de ellos por intereses económicos- y el resto, la inmensa mayoría, descarga. La filosofía del P2P es distinta, ya que al mismo tiempo que se descarga se pone a disposición de los demás.

Por otra parte, estoy en contra de cómo ha actuado el FBI y siento que aquellos que han hecho un uso legítimo del servicio se vean ahora perjudicados. Aunque tiene que gustarte el riesgo, por decirlo con delicadeza, para subir tus valiosos contenidos a una web que, al menos, estaba bordeando la ilegalidad.

y Público

Se acaba de publicar un manifiesto de apoyo al diario Público al que no han tardado en adherirse personalidades de la izquierda y un buen número de ciudadanos (28.300 en el momento de escribir estas líneas) A Público se le pueden reconocer unas cuantas virtudes (tratar temas tabú para otros medios generalistas, atreverse con la Iglesia y la Corona, su sección de ciencias) pero sus noticias, la información, está al servicio de la ideología. Pese a comulgar con ella, no firmaré el manifiesto porque no creo que se trate de un buen medio de comunicación. Es igual de tendencioso que sus némesis: La Razón, el ABC o El Mundo. Los que apoyan a Público no lo hacen porque sea un ejemplo de periodismo de calidad, sino por ser la baza más progresista en la guerra de los medios escritos. Ante esto vuelvo a pedir que si criticamos a unos (la derecha mediática), debemos hacer lo propio con los que comenten los mismos errores, aunque seamos afines a sus posturas. Si perdemos la referencia utópica de una prensa independiente de los poderes económicos y políticos, y nos entregamos a batallas ideológicas seguiremos hundiéndonos en esta crisis del periodismo.