My bloody Valentine. Foto: Anna Meldal/Cortesía del artista

Llevaba saliendo con una chica el tiempo suficiente como para llamarla novia. De hecho, llevábamos tanto juntos que nuestra relación estaba estancada o, más bien, en un lento y constante declive.

Su psicóloga, una de esas psicólogas que creen más en el chamanismo que en la ciencia, le recomendó que asistiéramos a un seminario de parejas o de crecimiento personal, no lo recuerdo bien. En cualquier caso, se trataba de uno de esos talleres new age, que son muy místicos y espirituales salvo en el tema económico, en el que no dudan en cobrar bien por sus servicios. Si no me falla la memoria, costaba como unos 400€ que, en aquella época, era una cantidad considerable. Por suerte, había una sesión de prueba gratuita y sin compromiso.

En ella nos contaron que el evento en sí (el de pago) estaría a cargo de un tal John Zorbas (desconozco si se escribe así) que debía ser, por lo que nos decían, un gurú del copón. Aquella reunión era solo un aperitivo antes de la experiencia auténtica con el elegido. Años después he buscado-sin ningún éxito-  información sobre este Paulo Coelho de origen griego, lo que me hace pensar que se trataba de un engañabobos.

Así que allí estábamos. Seríamos unas veinte personas, preparadas para que nos abrieran los ojos y nos cambiasen la vida. Pero lo que se suponía que iba a ser un punto de inflexión transcendental no fue más que una sucesión de dinámicas de grupo de las más ramplonas.

En una de ellas, teníamos que pensar en una persona que fuese una inspiración, una referencia para nosotros. Después había un cambio de pareja, de manera que terminabas contándole a un desconocido quién era tu personaje ejemplar y las razones para elegirlo.

Vete tú a saber por qué (seguramente por una entrevista que leí en Les Inrockupctibles o por el profundo impacto que causó en mí ‘Loveless’) pensé en Kevin Shields, el máximo responsable de la banda irlandesa My Bloody Valentine. Todo orgulloso le cuento a la persona desconocida como el sr. Shields revolucionó el mundo del rock con sus técnicas de grabación, las capas de guitarras que creaban un muro de sonido que ríete tú de Phil Inspector, sus melodías etéreas o cómo su perfeccionismo casi acaba con Creation (su compañía de discos) en bancarrota.

Ella, sin embargo, me cuenta que su modelo es su madre, una mujer que con mucho esfuerzo y tesón ha sacado adelante a su familia. En ese momento, me sentí muy ridículo, avergonzado ¿En qué coño estaba pensando?

Otras personas también hablan de grandes personalidades; aparece por supuesto el nombre de la Madre Teresa de Calcuta. Me hundí aún más.

No hicimos el seminario; no conocí al gran John Zorbas; tiempo después aquella relación se rompió para siempre. También descubrí que Teresa de Calcuta no era trigo limpio. Vale, reconozco que mi madre es un mejor ejemplo, pero, después de todo, Kevin Shields no fue tan mala elección.