En septiembre el verano muere. En Almería se nota menos, porque aquí solo hay dos estaciones. Mientras languidece el estío recuerdo -qué extrañas asociaciones crea la mente- mi visita al cementerio de Cabo de Gata, donde vivo lo más parecido a unas vacaciones de sol y playa.

El carro de limpieza

Es un cementerio pequeño, como el barrio. Sorprende que haya terreno por ocupar. Tiene ese aspecto desértico tan característico de la zona.

Nichos del cementerio de Cabo de Gata
Tumbas
Una tumba del cementerio de Cabo de Gata

Me llama la atención la cantidad de escaleras y escobas disponibles. Además de práctico, me parece poético.

Escoba, papelera y escalera
Escalera
Cementerio de Cabo de Gata: Entre nichos
Coronas
Escoba y recogedor
Puerta y escalera
El rincón

No he visitado muchos cementerios. La mayoría de las ocasiones ha sido acompañando a amigos o familiares para decir adiós. La muerte me da miedo y por eso los camposantos me causan cierto resquemor. Curiosidad también.

Salgo del cementerio de Cabo de Gata. Aunque la muerte nos llegue a todos, la forma en la que nuestros restos descansan refleja lo que fuimos o lo que los que nos sobreviven piensan que fuimos.

Exterior del cementerio de Cabo de Gata (Almería)
Exterior del cementerio de Cabo de Gata (Almería)